Este comunicado esta basado en en parte en la traducción al castellano del comunicado de Sabot Media, con información complementaria de Cavallete.

La designación de A/I como «Terrorista Global» por EE.UU.
El 26 de agosto de 2026, el Gobierno de Estados Unidos designó a Autistici/Inventati (A/I) como Specially Designated Global Terrorist (SDGT) e incluyó a la colectiva en la lista de sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Esta decisión, tomada mediante un procedimiento administrativo basado en la Orden Ejecutiva 13224, no solo criminaliza a una infraestructura digital esencial, sino que sienta un precedente peligroso: confunde a un proveedor de servicios con la responsabilidad de los contenidos publicados en sus plataformas.
¿Quién es Autistici/Inventati?
Autistici/Inventati es una colectiva que, durante 25 años, ha sostenido la infraestructura digital de innumerables activistas, organizaciones, redes y movimientos sociales. Su trabajo, basado en la horizontalidad, los cuidados digitales y el conocimiento compartido, ha permitido que miles de personas accedan a herramientas de comunicación, alojamiento web, correo electrónico y anonimato sin caer en la vigilancia masiva, la comercialización de datos o la censura estatal.
En una época en la que internet se ha convertido en un espacio dominado por las grandes corporaciones tecnologicas (big tech), la vigilancia y los algoritmos de extracción de datos, A/I representa la memoria viva de una internet construida con las manos: una red donde la tecnología no es un fin en sí mismo, sino un medio para la transformación social y política. Su trayectoria ha inspirado a colectivas de todo el mundo y se ha convertido en un referente en cómo resistir la represión estatal y corporativa mientras se denuncian genocidios, ecocidios y abusos de poder.
¿Por qué este ataque es un peligro para todas?
La designación de A/I como «terrorista» no solo afecta a la colectiva: crea un efecto dominó de censura y autocensura. Cuando un proveedor de servicios es incluido en una lista negra, cualquier persona o colectivo que utilice sus herramientas puede ser señalado como sospechoso.
Como advierte Sabot Media, las consecuencias son inmediatas y devastadoras:
- Pérdida de acceso a servicios básicos: cuentas bancarias, procesamiento de pagos, donaciones vinculadas a EE.UU., hosting, dominios, certificados de seguridad y correo electrónico.
- Retirada de apoyo por parte de proveedores: bancos, registradores, plataformas y empresas pueden cancelar servicios por miedo a sanciones secundarias.
- Riesgo para usuaries individuales: desde periodistas que dudan en contactar fuentes hasta investigadores que evitan archivos, pasando por nuevas usuarias que desisten de abrir cuentas por temor a represalias.
- Normalización de la criminalización: la infraestructura ya no se trata como un conducto neutral, sino como un participante activo en cada acto atribuido a sus usuaries.
« La designación puede estar dirigida específicamente a A/I, pero sus efectos no se limitarán al colectivo. […] El peligro radica en normalizar esta categoría: un proveedor de comunicaciones ya no tratado como un conducto con sus propios derechos y responsabilidades, sino como un participante en cada acto que el gobierno atribuye a cualquier persona que utilice sus sistemas ».
Un precedente que trasciende a A/I
Este ataque no solo afecta a proyectos explícitamente anarquistas o antifascistas. Si el alojamiento de publicaciones controvertidas, las protecciones de privacidad y la alineación política con los usuaries pueden ser interpretados como «apoyo al terrorismo», entonces toda infraestructura autónoma está en riesgo:
- Proveedores de correo cifrado.
- Editoriales radicales y archivos comunitarios.
- VPNs y redes sociales federadas.
- Proyectos de apoyo legal y hacklabs.
La lógica es clara: cuestionar el poder —ya sea mediante la denuncia, la organización autónoma o la defensa de la privacidad— puede ser criminalizado.

¿Qué podemos hacer?
Retomamos de nuevo las recomendaciones difundidas por Sabot media:
1. Contar la historia de A/I
- Difunde su trayectoria: los hacklabs, Paranoia, Génova, las giras KAOS, la victoria de Trenitalia, la brecha de Aruba, Plan R*, Noblogs y la incautación en Noruega.
- No dejes que la versión del gobierno sea la única narrativa pública.
2. Preservar el archivo
- Los servidores pueden ser incautados, los dominios suspendidos y los proveedores entrar en pánico.
- Respalda los contenidos alojados en Noblogs (artículos, manifiestos, documentos técnicos, registros legales e historia del movimiento).
- Registra URLs, autorías, fechas de publicación y recuperación. Respeta la privacidad y los derechos de autor.
3. Documentar el exceso de cumplimiento
- Graba y comparte casos en los que empresas, bancos o registradores cancelen servicios por miedo a sanciones.
- El registro público debe mostrar hasta dónde llega esta censura.
4. Exigir respuestas
- Pregunta a organizaciones de derechos digitales, instituciones europeas y cargos públicos:¿Permitirán que las sanciones estadounidenses desmantelen una colectiva de comunicaciones italiana? ¿Qué protección existe para la infraestructura, usuaries y archivos europeos?
5. Organízate de manera independiente
- Debatid sobre la necesidad de infraestructuras autónomas, los riesgos de las sanciones y las leyes de «apoyo material».
- Publica explicaciones, enseña cifrado y apoya el trabajo de colectivos que defienden las libertades digitales.
6. Preparar apoyo material y legal
- No envíes dinero a A/I desde EE.UU. mientras la designación esté vigente, a menos que cuentes con autorización clara.
- Las organizaciones de derechos digitales pueden investigar mecanismos legales de apoyo.
7. Mantén la defensa legalmente independiente
- Escucha la respuesta pública de A/I, pero coordinar campañas o recaudaciones requiere asesoría legal específica.
Y por nuestra parte, añadimos: No dejes de apoyar a tu proveedora tecnológica de confianza.
Porque defender a A/I es defender la autonomía digital
Este ataque no es solo contra una colectiva: es contra la posibilidad misma de organizar, expresarse y resistir fuera del control de los Estados y las grandes corporaciones que comercializan nuestros datos para avanzar la agendas de gobiernos cada vez mas autoritarios (las big tech). Ofrecer privacidad, cifrado y espacios independientes no puede ser considerado un delito.
Nuestra lucha contra el poder concentrado de las corporaciones tecnológicas, sus data centers y los gobiernos que las amparan es una de las batallas decisivas de esta generación. De ella depende que los movimientos sociales puedan seguir imaginando y construyendo otros mundos.
Si atacan a una, nos atacan a todas.
La infraestructura también es comunidad.
Y la sororidad también es infraestructura.