Sursiendo: Crisis sanitaria: es tecnológicamente posible desarrollar protocolos que respeten la privacidad

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La semana pasada nos convo­ca­ron a conver­sar en la Escu­ela de Acti­vis­tas de la orga­ni­za­ción Inge­ni­e­ría Sin Fron­te­ras Euskadi. De esa plática sobre Vulne­ra­ción de dere­chos digi­ta­les en un estado de alarma global sali­e­ron varias refle­xi­o­nes que tras­cen­dían los propios dere­chos digi­ta­les a la vez de perma­ne­cer vincu­la­dos a ellos.

Contro­lar la pande­mia ha propu­esto como solu­ción de ¿corto plazo? la ‘nece­si­dad’ de ceder dere­chos y liber­ta­des, en parti­cu­lar la priva­ci­dad, liber­tad de expre­sión y de reunión, a cambio de estar ‘a salvo’.

Los gobi­er­nos de todo el mundo corri­e­ron [más o menos rápido, según el caso] a buscar en la tecno­lo­gía una aliada que permita ayudar en esa deten­ción ‘de la pande­mia’. Tal y como están diseña­das esas nuevas tecno­lo­gías lo que están contro­lando es a su ciuda­da­nía. Aquí un listado [no exhaus­tivo] de las apli­ca­ci­o­nes de segui­mi­ento del mundo.

Se está mane­jando la crisis desde la amenaza. Estar aisla­das en casa la mayor canti­dad de tiempo posi­ble es la única medida posi­ble, al pare­cer. Esta­mos en sole­dad y con miedo. La narra­tiva de la crisis profun­diza psico­ló­gi­ca­mente la idea de que estar con otras perso­nas es peli­groso, el/la vecina como enemiga, apoyando la ruptura del ya debi­li­tado tejido social en el que esta­mos sumer­gi­dos desde hace déca­das.

En el segundo episo­dio de System Update, el peri­o­dista Glenn Green­wald se centra en las rami­fi­ca­ci­o­nes no-explo­ra­das de las deci­si­o­nes polí­ti­cas que toma­mos de forma masiva para respon­der a la crisis. Brinda un pano­rama 360° sobre la crisis al tratar el tema de los dere­chos digi­ta­les, las afec­ta­ci­o­nes soci­a­les, cultu­ra­les, polí­ti­cas y psico­ló­gi­cas de la misma y cómo lo que come­mos [la indus­tri­a­li­za­ción de la gana­de­ría y la agri­cul­tura exten­siva] influyen en la propa­ga­ción de epide­mias.

Además, resu­ena una refle­xión histó­rica en nues­tras cabe­zas. Las acci­o­nes toma­das tras el 11S nos demu­es­tran que los pode­res extra­or­di­na­rios y ‘tem­po­ra­les’ otor­ga­dos para ‘con­tro­lar’ la crisis no han dejado de exis­tir casi 20 años después. ¿Vivi­mos enton­ces en un estado perma­nente de alarma global? Dice Gleen­wald, ‘sea­mos realis­tas, reco­noz­ca­mos que esos pode­res, incluso si real­mente quere­mos que sean tempo­ra­les es alta­mente proba­ble que no lo sean’. Por eso las deci­si­o­nes que toma­mos sobre cómo afron­tar los ries­gos de hoy tendrán reper­cu­si­o­nes en el futuro. Lo que acep­te­mos como normal ahora, puede ser la norma de ahora en adelante.

En ese sentido,  ¿puede la tecno­lo­gía tener un rol prota­gó­nico y de apoyo al control de expan­sión de la pande­mia respe­tando dere­chos y liber­ta­des? Sí puede. Es una deci­sión polí­tica no hacerlo.

Las tecno­lo­gías conden­sas siglos de cono­ci­mi­ento en técnica, matemá­tica, inge­ni­e­ría, física, elec­tró­nica, lingüís­tica, rela­ci­o­nes huma­nas, labo­ra­les, natu­ra­les. El brillo de los apara­ti­tos [y las paten­tes] invi­si­bi­li­zan el cúmulo de cono­ci­mi­ento allí alojado. Esas rela­ci­o­nes entre cien­cia y polí­tica pueden ser desar­ro­lla­das de una forma o de otras. Para la vigi­lan­cia y el control [que es el camino actual que adop­ta­ron gobi­er­nos y corpo­ra­ci­o­nes] o para el bene­fi­cio social [que es el camino propu­esto por diver­sos espa­cios de soci­e­dad civil].

¿Cómo es posi­ble crear tecno­lo­gías que tomen la priva­ci­dad por diseño en el desar­ro­llo de las tecno­lo­gías de segui­mi­ento? Desde el Caos Compu­ter Club compar­ti­e­ron un decá­logo para evaluar las apli­ca­ci­o­nes de segui­mi­ento basado en la volun­ta­ri­e­dad en la entrega de datos, anoni­mato de los mismos, trans­pa­ren­cia, descen­tra­li­za­ción, econo­mía de datos [extraer solo los nece­sa­rios]. Mien­tras tanto, Xnet compar­tió un artí­culo en el que, además de hacer hinca­pié en la aper­tura del código y la trans­pa­ren­cia enfoca en la posi­bi­li­dad no explo­rada por gobi­er­nos de la coope­ra­ción ciuda­dana y el big data para el bien común. Ese último concepto, tan dialo­gado en las comu­ni­da­des de dere­chos digi­ta­les, tiene una opor­tu­ni­dad histó­rica para ser ejer­cido. Hacer « un uso de los datos masi­vos de la pobla­ción siem­pre que sean anoni­mi­za­dos y abier­tos para que no solo gobi­er­nos y corpo­ra­ci­o­nes, sino también la ciuda­da­nía puedan usar­los, no solo es posi­tivo, sino que es el futuro. El big data debe estar supe­di­tado a reglas democrá­ti­cas: debe ser un bien común al servi­cio de la cien­cia e inno­va­ción ciuda­da­nas y no un bien priva­tivo de gobi­er­nos y corpo­ra­ci­o­nes ».

¿Enton­ces sí pueden conge­ni­arse salud pública y dere­chos digi­ta­les? En las últi­mas sema­nas encon­tra­mos comu­ni­da­des tecno­ló­gi­cas en defensa de la priva­ci­dad y la crip­to­gra­fía traba­jando ‘con un espí­ritu de cola­bo­ra­ción radi­cal’ en proto­co­los basa­dos en este prin­ci­pio: « es de vital impor­tan­cia evitar la crea­ción de una nueva infra­es­truc­tura de vigi­lan­cia que dé más poder a las mismas insti­tu­ci­o­nes cuyos fallos contri­buye­ron a la crisis ». Los dos proto­co­los que están posi­ci­onán­dose respecto al tema son el TCN/CEN impul­sado por la funda­ción esta­du­ni­dense Zcash, Co-Epi y Covid-Watch; el otro es llamado proto­colo DP3-T y está siendo traba­jado por inves­ti­ga­do­res de ocho univer­si­da­des euro­peas.

Ambos proto­co­los son muy simi­la­res en su diseño y propo­nen tres fases para el rastreo del virus: emisión, informe y esca­neo. Se propi­cia el rastreo descen­tra­li­zado de los contac­tos medi­ante trans­mi­si­o­nes por Blue­to­oth de los dispo­si­ti­vos móvi­les de los usua­rios que no reve­lan infor­ma­ción sobre la iden­ti­dad o el histo­rial de ubica­ción de las perso­nas usua­rias. Luego, si esas perso­nas desar­ro­llan sínto­mas o dan posi­tivo en un testeo, pueden enviar un informesubi­endo un paquete con cier­tos datos a un servi­dor. Unas terce­ras perso­nas super­vi­san los datos publi­ca­dos por el servi­dor, quien avisa a los dispo­si­ti­vos que hayan estado en contacto con ese dispo­si­tivo sobre la situ­a­ción de salud. Algo así como “has estado en contacto con una persona que dio COVID-19 posi­tivo”, sin decir quién o dónde. Si lo que nece­si­ta­mos es rastrear el patrón de movi­mi­ento del virus, no nece­si­ta­mos rastrear el de las perso­nas.

Se publicó un artí­culo que compara ambos proto­co­los en un ‘esfu­erzo por lograr que ambos proto­co­los se unan en un están­dar común’. Deta­lla las carac­te­rís­ti­cas de ambos sobre cómo respon­den a las cuali­da­des dese­a­bles: servi­do­res respe­tu­o­sos de la priva­ci­dad, inte­gri­dad de la fuente y la difu­sión [enviar infor­mes solo a los dispo­si­ti­vos con los que se ha estado en contacto y no masi­va­mente], sin segui­mi­en­tos automá­ti­cos, priva­ci­dad del recep­tor y del emisor [ninguna de las dos partes tiene la posi­bi­li­dad de reve­lar infor­ma­ción dife­rente a la que pudi­era ser útil para comba­tir la pande­mia].

En pocas sema­nas se avanzó veloz en proto­co­los de rastreo de contac­tos descen­tra­li­za­dos y con preser­va­ción de la priva­ci­dad. Aún es nece­sa­rio aten­der a cier­tos aspec­tos que garan­ti­cen esa priva­ci­dad en todos sus tramos y sin embargo se hace espe­ran­za­dor que el trabajo cola­bo­ra­tivo dé como resul­tado tangi­ble la posi­bi­li­dad de apli­ca­ci­o­nes de rastreo seguro que sirvan a los momen­tos actu­a­les sentando prece­den­tes posi­ti­vos sobre la posi­bi­li­dad de una tecno­lo­gía de no-vigi­lan­cia.

Este pala­bre­río está expli­cado de forma amena en una histo­ri­eta reali­zada por Nick Case y tradu­cida por Vanesa Sánchez Cortés al caste­lla­no* que encon­trarán completa al final de la entrada.

Mien­tras tanto,  ¿sería posi­ble para los gobi­er­nos lati­no­a­me­ri­ca­nos adop­tar estas tecno­lo­gías? Cono­ci­mi­ento hay. Grupos de perso­nas que desar­ro­llan tecno­lo­gía local­mente también. Y, como bien han demos­trado hasta ahora, cier­tos recur­sos para inver­tir en ello, también. ¿Por qué enton­ces no pensar que el dinero público puede ser inver­tido en grupos loca­les y/o no-corpo­ra­ti­vos que susten­tan valo­res democrá­ti­cos al inten­tar refre­nar la pande­mia?

En resu­men, es tecno­ló­gi­ca­mente posi­ble desar­ro­llar proto­co­los trans­pa­ren­tes; propor­ci­o­na­les [que obten­gan datos centra­dos en el segui­mi­ento al virus, no a las perso­nas]; de código abierto, libre y descen­tra­li­zado; mante­ni­endo la priva­ci­dad y anoni­mato de las perso­nas y que se desar­ro­lle de manera trans­dis­ci­pli­nar, cola­bo­ra­tiva, para que tome en consi­de­ra­ción reca­bar solo los pará­me­tros cien­tí­fi­ca­mente nece­sa­rios durante la crisis sani­ta­ria.

La polí­tica de los datos sí importa, deter­mina la forma en que podre­mos o no vivir en un espa­cio más libre en un futuro próximo. Esfu­er­zos acadé­mi­cos, civi­les y hackers demu­es­tran ‘con datos duros’ que respe­tar nues­tras liber­ta­des es posi­ble si hay una deci­sión polí­tica de fondo. ¿Gobi­er­nos y corpo­ra­ci­o­nes escu­charán? Como quiera que sea, desde los espa­cios soci­a­les tene­mos a la mano argu­men­tos sóli­dos que nos permi­ten mover­nos del ‘no hay nada que poda­mos hacer’. Pode­mos, como mínimo, infor­mar­nos sobre las opci­o­nes y exigir[nos] actuar en favor de una tecno­lo­gía que nos permita ampliar nues­tras liber­ta­des colec­ti­vas.