Pikara Magazine: ‘Takal, takal’. La energía de las encapuchadas

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26.03.2018 - 18:23
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La compa Florencia Goldsman nos comparte un relato acerca de las jornadas de mujeres zapatistisas, 

Abrazadas por los montes arbolados del sureste mexicano, del 7 al 11 de marzo más de 6 mil mujeres —entre ellas más de 2 mil compañeras zapatistas movilizadas para recibir a extranjeras de más de 40 países— constelamos un microuniverso. Nos enredamos bajo el común denominador de que a las mujeres y personas de sexualidades disidentes nos están matando.

“Acordamos luchar juntas contra el sistema que nos está matando”, dijeron las zapatistas en el discurso de bienvenida./ Florencia Goldsman

Hay tantas visiones del I Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural  de Mujeres que luchan como personas que pudimos participar en ese espacio. Existe, sin embargo, un punto de confluencia, una valoración, de este espacio abierto para compartir experiencias por las mujeres zapatistas como un espacio seguro. Se percibe en las reseñas y artículos ya publicados sobre este encuentro la inevitable fuerza de contagio originada en la perseverancia y en la creencia de que otros mundos son posibles. Una energía que proviene del simple hecho de encontrarse con estas mujeres valientes y encapuchadas. Ellas son testimonio vivo de la insurgencia, de las alzadas en contra de un continuum de vivencias de esclavitud. Cada día se rebelan, organizan y mejoran sus condiciones de vida, el autogobierno, en las tierras que trabajaron largamente, que habían habitado sus ancestras y de las cuales habían sido expropiadas, hasta que la revolución del EZLN en 1994 concretó mediante las armas el reclamo por tierra y libertad en México.

Los primeros pasos que dimos, bajando de buses o camionetas alquiladas para llegar a la zona de Tzotz Choj, lindera de la selva Lacandona, nos encontraron formando una fila que se demoraba y que cansaba a quienes habíamos recorrido miles de kilómetros y atravesado océanos para llegar hasta allí. Registrarse o buscar la credencial de participante era un proceso de atención sin prisa y con toneles de paciencia. Esta experiencia burocrática, que en otros contextos hubiese malhumorado a muchas, aquí en cambio nos amansó las ansias de llegar, de ocupar, de empalagarnos de actividades. La fila avanzaba con la cadencia de las babosas (hubo quienes después comentaban que el hecho de que las personas esperaran para entrar era una estrategia para ir sumergiéndose en la dimensión zapatista del tiempo). Un lento sumergirse en una propuesta anticapitalista de vida. Entonces lo mejor fue respirar, esperar, mirar el verde, y comentar con las amigas la felicidad de haber llegado a ese rincón de rebeldía único en el mundo.

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