De la “erección por interacción” al safari de troles: cómo las mujeres pueden combatir el abuso ‘online’

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foto de Nina sentadam vestida con vaqueros y camiseta negra, mirando al frente
21.08.2022 - 16:46
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La investigadora Nina Jankowicz, que acaba de recibir una masiva campaña de acoso por ocupar un cargo público, ha escrito un libro con herramientas y estrategias para que las usuarias puedan sobrevivir en internet

La investigadora y experta en desinformación Nina Jankowicz, de 33 años, publicó su libro Cómo ser una mujer online en inglés en abril. Había sido víctima de campañas de acoso y quería contar sus estrategias para ayudar a otras mujeres. Entonces no sabía, sin embargo, que lo peor estaba por llegar.

El 27 de abril fue nombrada directora de una nueva Oficina de Desinformación del Gobierno para coordinar amenazas contra EE UU. Cuando lo anunció en Twitter, un líder de opinión republicano tuiteó a sus 1,7 millones de seguidores que habían creado el “Ministerio de la Verdad”. Así empezó una campaña que saltó a la televisión y que llevó a “pausar” el trabajo de la nueva oficina y a la dimisión de Jankowicz. “Ni en mis sueños más salvajes pensé que existía la posibilidad de ser el objetivo de una campaña nacional de acoso”, dice por videollamada a EL PAÍS desde su casa cerca de Washington.

 

Jankowicz también escribió el libro, aún sin traducción española, porque había comprobado la diferencia en el acoso online entre hombres y mujeres. “Con un hombre en mi cargo hubiera sido totalmente diferente”, dice. “Que yo fuera una mujer joven embarazada que tenía una presencia online muy sólida era algo que ellos podían destrozar”. En el libro, Jankowicz explica la diferencia de abuso que reciben dos periodistas que firman una misma historia cuando uno de ellos es mujer y más joven.

En un sondeo de Pew Research de 2021 sobre acoso online, un 61 % de las mujeres dice que el acoso en internet es “un problema importante”, mientras que el 48 % de los hombres dice lo mismo. Las mujeres que han sido acosadas online tienen más del doble de probabilidad que los hombres de decir que están “extremadamente o muy molestas” por su último encuentro.

En su texto explica cómo afrontar ataques menos complejos que la campaña que le llevó a cerrar sus cuentas de Instagram y Facebook y mantener una presencia menor en Twitter. Estos son algunos de los puntos clave.

1. ¿Por qué simplemente no pasas de ellos?

El libro empieza con una descripción de acoso a una mujer en la vida real, con gente chillando en la calle y amenazándola en el coche. Nadie permitiría eso, claro. Pero en internet es distinto. Cuando Jankowicz se quejaba a sus familiares también le decían que no prestara atención. No es tan fácil: “No sobrerreacciono, estas cosas me afectan. La primera vez, en 2020, incluso mi marido y mi madre no lo entendían. Me decían: ‘apaga, no mires’. Si no has pasado por algo así, es difícil imaginar cómo es”, explica. “Y pienso especialmente en los hombres, que a menudo son los que me dicen que exagero. No entienden lo que es ser mujer ni sienten esa amenaza visceral”, añade.

Para entender mejor la magnitud del acoso, en una entrevista en mayo con la radio NPR detalló el tipo de insultos que recibió tras ser nombrada: “Hubo acusaciones de que soy transgénero, conjeturas sobre mi fertilidad, hombres que decían que debería abandonar asuntos de seguridad nacional e irme a tener bebés. También había una fijación con mi embarazo. Que por qué aceptaría un trabajo así antes de irme de baja por maternidad. O mi aumento de peso, cómo ha cambiado mi cuerpo. Hubo, en términos generales, abuso sexual, que no puedo repetir ahora, pero que es fácil de imaginar. Hubo amenazas de divulgar mi información personal, lo que lograron, y ahora esos detalles han sido adquiridos por personas que desean hacerme daño”, enumeró, en un resumen acelerado.

Jankowicz ha comprobado que, aunque hay mucho abuso en redes o páginas minoritarias como 8kun o Parler, los acosadores aspiran a que su víctima lo vea con la esperanza de que le afecte. Y tienen razón, lo ve y le afecta: “Debo decir que me afecta, como si alguien me dijera algo horrible. Justo esta mañana publiqué un hilo sobre el coste de tener un bebé en EE UU, y alguien dijo ‘oh, es desinformación, siéntete mal por tu hijo con una madre como tú'. Y yo pienso: pero si es un bebé de semanas. No tiene ningún sentido. Pero eso se queda contigo. Y es algo banal comparado con los que me dicen que he cometido traición y debería ser ahorcada”, explica.

2. Pero tampoco puedes irte de las redes

Jankowicz ha reducido su exposición, pero hoy ser activa en redes es parte esencial del trabajo de una investigadora. Abandonar no es una opción. “De alguna manera afectan a mi derecho a trabajar. Sin Twitter no tendría la audiencia que tengo para mi trabajo. Ahí es donde he tenido oportunidades de escribir, de hablar, donde me encuentran los miembros del Congreso para invitarme a declarar”, dice.

3. La erección por interacción y el safari de troles

¿Qué interés tiene tanta gente en meterse con una mujer como Jankowicz? Hay algo que es estructural: “La misoginia que existe en la sociedad se ve amplificada en las redes porque puedes decir cosas con impunidad. Lo peor que te puede pasar es que pierdas tu cuenta”, dice. Pero en los casos de mujeres con una presencia pública, cuya opinión cuenta y es escuchada, hay algo más. Por algún motivo creen que no deberían estar ahí, que no saben suficiente: “Creen que si continúan troleándote, te desalojarán de tu lugar en el pedestal, y pasarán a ser ellos quienes tengan la verificación azul y las decenas de miles de seguidores”, dice.

En el libro da cinco perfiles de señores que suelen interactuar con ella y que conviene dejar de lado. La mayoría suele sufrir de lo que la columnista australiana Van Badham explica en el libro: la “erección por interacción”. Así lo explica Bandham: “Logran que se les ponga más dura que nunca en su vida cuando tú, una famosa, habla, interactúa con ellos. Eso significa que tú eres al menos igual que ellos, probablemente inferior”. “Es difícil calmar a hombres con erección por interacción”, añade Jankowicz.

Los cinco tipos de troles que Jankowicz describe son, uno, el profesor sabelotodo, que siempre sabe un poco más que tú y usa el mansplaining a menudo; dos, el falso pelota, que elogia a su futura víctima y que cuando responde simplemente “gracias” ya parece implicar que son amigos; tres, el vago, que cree que Google no existe y el deber de esa mujer es explicarle cosas como si fuera la Wikipedia; cuatro, el viejo que solo escribe en mayúsculas; y cinco, incels y protofascistas, que no dejan sin comentar cualquier aspecto físico.

4. La falta de respuestas fáciles: no bombardees un pueblo

En el libro Jankowicz explica que la mejor opción a menudo es silenciar: tú no lo ves y él no lo sabe. Jankowicz los llama ”hombres mosquito” que siguen zumbando en el vacío sin saber que son ignorados. Pero muchas veces el bloqueo es inevitable para alguien que es asqueroso, aunque entonces el atacante se entera y puede usarlo para ganar visibilidad. En EE UU, hay una herramienta llamada BlockParty que sirve para bloquear masivamente a gente que usa lenguaje infame.

La respuesta habitual cuando alguien insulta es que “no alimentes su ego respondiéndole”, aunque sea para ridiculizarle. A veces no es tan sencillo. Una opción que a Jankowicz le gusta usar para criticar públicamente a sus acosadores es un pantallazo con los datos de usuario ocultos: así se ven sus mensajes ridículos sin que saque ningún beneficio de la interacción. Sin embargo con su fama creciente, ha optado por hacerlo cada vez menos para “no abrir nuevos vectores de ataque”.

Otra estrategia a evitar para no parecer demasiado poderosa es evitar reírse de cuentas sin apenas seguidores, para que no parezca que “arrasas un poblado” sin miramientos. Jankowicz recuerda también la diferencia en cómo se miden las reacciones de hombres y mujeres: “Cuando los hombres se encuentran con un comportamiento que no les gusta, maldicen. Bloquean. Tiran mierda o trolean abiertamente. Y el mundo piensa que son más machos por eso. A las mujeres, en cambio, si llaman la atención de un comportamiento mucho peor, se nos dice que somos ‘emocionales’, ‘débiles’, ’exageradas’ o ‘histéricas”.

5. ¿Entonces qué puedo colgar?

Jankowicz tuvo una banda de música en la universidad que se disfrazaba de Harry Potter. Fotos y vídeos de la época han sido usados contra ella. Sabe ya que nunca volverá a aquella inocencia. Pero no solo eso: a menudo vigila si elogia un tuit o un libro de alguien porque puede implicar lanzarle a la jauría. Por supuesto, no publica en redes abiertas ninguna foto de su hijo recién nacido.

Estas son algunas de las reflexiones que hace antes de publicar: “Pienso, si digo esto, ¿cómo lo interpretarán estos diferentes tipos de personas a quienes les encanta odiarme? A veces no me importa y tiro millas porque me apasiona sacar algo a la luz. Solía publicar fotos de caminatas, pero lo hacía después del hecho para que la gente no supiera que estoy allí. Ahora probablemente ya no lo haré porque establece un patrón de comportamiento. Otra cosa con la que no he tenido que lidiar todavía, porque estoy de baja por maternidad, es que voy a volver a dar conferencias. Solía anunciarlas y ya no. Es triste para mí porque es una de las cosas que me gustan de mi trabajo, conectar con la gente”, dice.

6. Busca comunidades afines

Un gran remedio que Jankowicz encontró para los peores momentos es el de comunidades de mujeres que sufren situaciones parecidas. Tiene un grupo pequeño en los mensajes directos de Twitter y habla a menudo con otras que han sufrido campañas.

“En el grupo somos unas 25”, dice. “Esas relaciones han sido muy importantes para mí, y es algo que, cuando asesoro a mujeres jóvenes, les digo que también lo hagan, porque nunca se sabe a dónde podría llegar. Esas redes de apoyo de personas que lo entienden desde tu perspectiva, donde no tienes que explicarles y crear estas metáforas como he tenido que hacer para las personas en mi vida. Realmente importa”, añade.

7. Protege tu vida real

Una parte importante del libro está destinada a simples estrategias online para proteger cuentas, contraseñas y datos reales esparcidos por internet. Jankowicz paga un servicio que se dedica a borrar su información de páginas públicas. En la última campaña, por ejemplo, se dio cuenta de que si debiera comprar otra casa lo haría a través de una empresa para que su nombre no quedara codificado. Son precauciones que hasta ahora no le entraban en la cabeza.

Una de sus reflexiones esenciales es por qué solo las mujeres deben soportar el peso del acoso. Ni la policía ni las plataformas, a distintos niveles, actúan. “En EE UU, dadas las leyes de libertad de expresión, a menos que existan amenazas creíbles de violencia, rara vez las mujeres tienen algún recurso para el acoso online. Y la policía no está preparada para lidiar con esto. Te dicen: ¿qué quieres que haga? Esta persona podría estar en Tombuctú”, lamenta.

Luego están las empresas de redes sociales: “Se benefician de este contenido realmente indignante. Es falta de motivación económica. Saben que deberían hacerlo, pero ganan dinero con el contenido asqueroso porque mantiene a los usuarios atrapados”, explica. Y el problema es que en su carrera solo ha visto las cosas ir a peor, en unas redes, dice, creadas básicamente por y para hombres: “Está empeorando. Nuestras democracias son las que sufren y la representación de las mujeres en las comunidades marginadas de la sociedad”, añade.