Acción Directa Autogestiva: Queda todo

Refe­ri­mos aquí al bello escrito de ADA publi­cado en Marzo del 2017 y los pega­mos en este blog para que también viva en nues­tro portal. 

Según la Comi­sión Econó­mica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un informe que difun­dió en octu­bre de 2016, son asesi­na­das en prome­dio 12 muje­res lati­no­a­me­ri­ca­nas y cari­beñas diari­a­mente por el solo hecho de ser muje­res [1]. Infor­tu­na­da­mente en la actu­a­li­dad esta cifra no parece haber dismi­nuido e incluso tal vez ha aumen­tando. Aun más, en países como México, en donde pese a los esfu­er­zos de muchas orga­ni­za­ci­o­nes, colec­ti­vos y medios de comu­ni­ca­ción  inde­pen­di­en­tes es muy difí­cil encon­trar cifras confi­a­bles debido a la inefi­ci­en­cia, obstruc­ción, compli­ci­dad y encu­bri­mi­ento por parte del estado. En algu­nos medios se menci­ona que actu­al­mente ocur­ren al menos siete femi­ni­ci­dios diarios [2]. Pero, ¿cómo saberlo con certeza cuando el mismo Estado se niega a dar infor­ma­ción, a levan­tar denun­cias de desa­pa­re­ci­das, a dar segui­mi­ento y castigo  a los casos de femi­ni­ci­dio?

El femi­ni­ci­dio como cate­go­ría en México fue reco­no­cido por primera vez en Ciudad Juárez en 1993 por el homi­ci­dio de una niña de 13 años, Alma Chavira Farel; a 24 años de este crimen y del reco­no­ci­mi­ento de los críme­nes de odio contra las muje­res aún nos queda proce­sar si esta cate­go­ría nos ha sido útil y de qué forma actu­a­li­zarla en el nuevo contexto ante la imbri­cada situ­a­ción de la violen­cia gene­ra­li­zada, la absurda guerra contra el narcotrá­fico, la preca­ri­za­ción de la exis­ten­cia y la trata de perso­nas. Vemos con preo­cu­pa­ción el uso despo­li­ti­zado del término, al punto de correr el riesgo de que pierda el sentido y solo sea sinó­nimo de homi­ci­dio, norma­li­zando así una violen­cia desme­dida sobre lo feme­nino.

Sin embargo, no quere­mos escri­bir esta nota desde los núme­ros, desde las imáge­nes, desde la violen­cia, desde las lágri­mas, desde el terror. Porque es un lugar que el estado patri­ar­cal creó, le convi­ene que exista, le convi­ene sembrar miedo, hacer­nos creer que somos impo­ten­tes ante tanta violen­cia, ante tanto oscu­ran­tismo. Quiere atra­par a nues­tras mentes en círcu­los o labe­rin­tos en los que deja­mos de ver a la violen­cia como sisté­mica y al capi­tal pele­ando por la pose­sión de nues­tros cuer­pos y gene­rando falsas dico­to­mías que nos frag­men­tan aun más.

Pero enton­ces, ¿desde dónde escri­bi­re­mos, desde dónde nos nombra­mos, desde dónde busca­mos justi­cia y lo más impor­tante, desde dónde cons­trui­mos una vida digna?

Se ha dicho y se ha probado una y otra vez que el respon­sa­ble de esto es este sistema capi­ta­lista patri­ar­cal, y hay que acabar con él, pero más allá de las expli­ca­ci­o­nes teóri­cas está la cons­truc­ción y resis­ten­cia en la coti­di­a­ni­dad, sabi­endo de ante­mano lo compli­cado que puede ser tratar de gene­rar vida en este ambi­ente en donde en la mayo­ría de las ocasi­o­nes la misma comu­ni­ca­ción y conso­nan­ti­za­ción de la problemá­tica implica violen­cia.

Enton­ces, ante esta reali­dad tan dolo­rosa, tan plagada de incer­ti­dum­bre, miedo —por noso­tras y las otras, las cerca­nas, la fami­lia, las hijas, las sobri­nas, las desco­no­ci­das—, deses­pe­ranza y deso­la­ción, ¿qué queda?… Queda todo, recons­truir un espa­cio donde el miedo, la impo­ten­cia, sean poten­ci­a­li­za­do­res, sean ese impulso para cambiar las cosas, sean eso que nos permite no confi­ar­nos y estar aler­tas, pero que al mismo tiempo algo que movi­lice y crea. Ese, ese es el miedo que nece­si­ta­mos. Y sobre todo no olvi­dar que el mundo se cons­truye.

Y es verdad que hemos logrado cosas; actu­al­mente hay mucha acti­vi­dad desde los dife­ren­tes femi­nis­mos buscando formas para hacer denun­cias, gene­rar comu­ni­dad y dete­ner los femi­ni­ci­dios. Una mues­tra de acción colec­tiva fue el pasado 24 de abril, en el que muje­res de muchas ciuda­des de México y de América Latina sali­mos a gritar #Vivas­nos­que­re­mos, gene­rando también un gran movi­mi­ento en redes soci­a­les.

Existe también un movi­mi­ento impor­tante de auto­de­fensa femi­nista. Es aquí donde nos inter­esa profun­di­zar. Empe­ce­mos por  acla­rar que no es lo mismo la defensa perso­nal que la auto­de­fensa femi­nista; “la auto­de­fensa femi­nista no solo consiste en apren­der a golpear o volverse experta en alguna arte marcial, sino en crear un espa­cio de segu­ri­dad, auto­cui­dado colec­tivo, en gene­rar redes afec­ti­vas. Refle­xi­o­nar sobre la violen­cia en todas sus formas y trazar estra­te­gias. En nombrar, denun­ciar, seña­lar y de nuevo nombrar… lo que nos oprime, pero funda­men­tal­mente en nombrar nues­tros deseos, nues­tros sueños, nues­tras emoci­o­nes; es cons­truir desde noso­tras mismas; lo que no se nombra no existe.

— La auto­de­fensa femi­nista parte de reco­no­cer que este sistema “capi­ta­lista patri­ar­cal hete­ro­nor­mado” se basa en la suje­ción, explo­ta­ción y domi­na­ción  de lo feme­nino, ¡en eso radica y garan­tiza su conti­nui­dad y exis­ten­cia! Concre­ta­mente en la invi­si­bi­li­za­ción y explo­ta­ción de la repro­duc­ción de la vida —no solo en la gene­ra­ción de plus­va­lía—, en el despojo y saqueo de los recur­sos de la natu­ra­leza. Por ello nos resulta impo­si­ble pensar en un sistema capi­ta­lista justo, democrá­tico y con equi­dad.

— Parti­endo de la base de que nos encon­tra­mos en un sistema que atenta contra lo feme­nino y las muje­res, surge la impe­ri­osa nece­si­dad de sobre­vi­vir y defen­der no solo nues­tra vida, sino también nues­tra alegría, nues­tra auto­de­ter­mi­na­ción, nues­tra liber­tad y colec­ti­vi­dad.

— La auto­de­fensa femi­nista propone mover­nos de lugar, salir de la victi­mi­za­ción, del desam­paro y la fragi­li­dad. Propone desar­mar estos imagi­na­rios, ser capa­ces de subver­tir el orden simbó­lico patri­ar­cal. Este movi­mi­ento implica lazos de colec­ti­vi­dad, soro­ri­dad y acom­paña­mi­ento. Implica gene­rar comu­ni­dad y romper el aisla­mi­ento y reclu­sión al que nos somete día a día en dife­ren­tes formas el patri­ar­cado. Tarea difí­cil, pero de ello, como ya diji­mos antes, depende nues­tra exis­ten­cia; tene­mos la certeza de que juntas somos más fuer­tes.

— El auto­cui­dado es otro eje funda­men­tal de la auto­de­fensa femi­nista; durante siglos nos han querido arre­ba­tar el cono­ci­mi­ento de nues­tro cuerpo y su funci­o­na­mi­ento (como ejem­plo de ello hay dife­ren­tes movi­mi­en­tos, desde las gine­co­punk en Barce­lona, el movi­mi­ento de muje­res parte­ras en México, y el gran movi­mi­ento de aborto seguro en lati­no­a­mé­rica); nos han educado para ser cuida­do­ras; han gene­rado la cultura de la sumi­sión y el sacri­fi­cio, haci­én­do­nos quedar siem­pre en segundo plano; enton­ces se propone al auto­cui­dado como la resis­ten­cia al aban­dono de noso­tras mismas, como un grito que dice aquí esta­mos, y quere­mos vivir. Por ello cuando deci­mos ninguna agre­sión sin respu­esta es parte de nues­tro auto­cui­dado también.

— Este movi­mi­ento va por la recu­pe­ra­ción de noso­tras mismas y nues­tros espa­cios. Se trata de recu­pe­rar y gene­rar nues­tra forta­leza, tanto física como mental, De recu­pe­rar los espa­cios que nos han sido arre­ba­ta­dos, de usar­los con liber­tad y segu­ri­dad; por eso las consig­nas “la calle y la noche son nues­tras”.

— Enton­ces no es difí­cil dedu­cir que el cuerpo feme­nino es un campo de bata­lla, el cual no esta­mos dispu­es­tas a ceder; la auto­de­fensa femi­nista reivin­dica nues­tro dere­cho a deci­dir nues­tra sexu­a­li­dad y cómo la ejer­ce­mos, si quere­mos o no repro­du­cir­nos, rompe con los cáno­nes de belleza y compor­ta­mi­en­tos colo­ni­a­lis­tas que nos han impu­esto y tala­drado el cere­bro; rotun­da­mente nos nega­mos a que nues­tros cuer­pos sean una mercan­cía, un objeto inter­cam­bi­a­ble. Defen­de­mos  nues­tro dere­cho a cami­nar por la calle sin ser acosa­das, mano­se­a­das, golpe­a­das, secu­es­tra­das.

— La gene­ra­ción de redes afec­ti­vas sanas es funda­men­tal en la auto­de­fensa femi­nista; el amor en el capi­ta­lismo es destruc­tivo; querer a alguien signi­fica querer tener, poseer; una de las prin­ci­pa­les armas que han usado contra noso­tras es el amor román­tico; la mues­tra es que la mayor parte de los femi­ni­ci­dios fueron reali­za­dos por las pare­jas senti­men­ta­les de las muje­res a las que les arran­ca­ron la vida.

— Por último la memo­ria, la digna rabia, la alegría y la crea­ti­vi­dad. Ante la reali­dad que nos quiere impo­ner el patri­ar­cado no pode­mos negar que esta­mos enoja­das, rabi­o­sas, tris­tes, deso­la­das, con un miedo cons­tante de saber que esta­mos desa­pa­re­ci­endo y muri­endo. Con un dolor en el pecho que no permite respi­rar porque sabe­mos que nues­tras compas muer­tas en femi­ni­ci­dio no han reci­bido justi­cia, porque sabe­mos que muchas de noso­tras sufri­mos una situ­a­ción de trata, porque sabe­mos que este mundo capi­ta­lista patri­ar­cal no tiene nada para noso­tras que no sea la suje­ción.

Pero justo porque tene­mos memo­ria, porque no olvi­da­mos, ni perdo­na­mos, no les vamos a rega­lar nues­tras vidas y mucho menos nues­tra alegría.

Enton­ces, ¿desde dónde cons­trui­mos? ¿desde dónde reme­mo­ra­mos y redi­mi­mos? ¿desde dónde busca­mos justi­cia? Sabe­mos que las respu­es­tas las cons­trui­re­mos entre todas, pero mien­tras tanto reto­me­mos nues­tra digna rabia, que como dicen los zapa­tis­tas es esa fuerza que se convi­erte en motor, esa que no permite la desme­mo­ria, ni el óxido, esa que nos digni­fica. Cons­truya­mos desde el amor, desde nues­tra capa­ci­dad crea­dora, desde la alegría, desde la escu­cha. Saque­mos del centro al patri­ar­cado y pongá­mo­nos a noso­tras y nues­tros deseos. Comba­tir la muerte desde la deter­mi­na­ción de la vida.

Nues­tra venganza está en nues­tra alegría, en nues­tra exis­ten­cia, en nues­tro crear. En nues­tra vida y lucha está la memo­ria y la reden­ción de las que ya no están.

¡Con­tra la violen­cia sisté­mica, auto­de­fensa femi­nista!

  1. D. Compañe­ros varo­nes, sién­tanse inclui­dos. Sabi­endo que para ser inclui­dos es nece­sa­rio renun­ciar a los privi­le­gios que les ha otor­gado el sistema, esto signi­fica ser coti­di­a­na­mente un mili­tante disi­dente del machismo y del patri­ar­cado; suerte con eso, los esta­mos espe­rando.

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[1] http://www.bbc.com/mundo/noti­cias-america-latina-37828573

[2] https://hiper­tex­tual.com/2016/10/femi­ni­ci­dios-en-mexico